Ana María Almagro - pintora artística

Desde mi infancia, la pintura me ha acompañado como mi más fiel amiga. He pintado y experimentado con diferentes materiales y técnicas, buscando siempre lo complementario y la armonía.

A lo largo del tiempo, he empleado óleo, acuarela, pastel, acrílicos, técnicas mixtas…, hasta que descubrí que la seda es un soporte que, a pesar de su complejidad, conduce a una gran compensación final; un soporte cuyas cualidades, difícilmente se pueden igualar…

Pintura en seda

Hace muchos años esta técnica, entonces, desconocida para mí, llamó a mi estudio. Al principio se trataba de investigar cosas sencillas para luego, impartir el curso que me habían propuesto. Lejos de sentirme abrumada, la seda me cautivó y los trazos de pintura sobre ella me sedujeron, a veces por su complejidad; a veces, por su sencillez y frescura.

            Desarrollar un trabajo sobre seda, conlleva una serie de pasos y la utilización de numeroso material. Hay varios tipos de sedas, para realizar trabajos artísticos, yo prefiero la seda de pongé  en sus diferentes grados.

Tomemos un trozo de seda pongé número 5, su espacio blanco brillante que al moverse suavemente ya está jugando con  nosotros, tendremos que tensarlo muy bien, de ello depende muchas veces el acabado de la obra. Un marco de madera, unas chinchetas de tres puntas, para no rasgar el tejido, serán suficientes.

El boceto, el diseño de aquello que deseamos plasmar sobre la seda, lo prepararemos sobre un papel de seda, con las medidas y tamaño necesario. Luego, lo pasamos al tejido. Cuando el trabajo lo realizamos con la técnica de la gutta, llamada también gutapercha, tendremos que bordear el dibujo con ella, lo que evitará que la pintura líquida se salga de los contornos elegidos. Dejaremos secar la gutta y mirando al trasluz, comprobaremos que no ha quedado ni un solo hilo del tejido sin impregnar, de ser así, la pintura traspasaría la barrera y estropearía el trabajo.

Al llegar a este punto la motivación y la inquietud aceleran el pulso. Llega el instante más deseado, el más esperado. El color baña el blanco tejido y como olas de mar se acerca y aleja fundiéndose entre sí y dando lugar a una auténtica fiesta del color. Lo que era un color plano, fluye, formando aguas y acrecentando el brillo de la seda.   

A veces con la ayuda de un diminuto grano de sal o una gotita de alcohol, estos juegos de luces, sombras y colores, se incrementan dando lugar a obras sorprendentes. Cuando hayamos rellenado todos los espacios blancos, dejaremos secar y tras desmontar la seda, pasaremos a fijarla. 

Este es un paso primordial ya que tras el fijado, bien por vapor o con plancha, las prendas de vestir se pueden utilizar sin miedo alguno y dado el caso, también lavar. Es aconsejable lavarlas a mano con detergentes neutros y si se desea, en el agua de aclarar, poner unas gotitas de vinagre, esto dará brillo y fijación a los colores. También podemos comprar un jabón especial llamado silkwash.

Existen numerosas formas de pintar en seda y otros tantos tipos de esta. Dependiendo de la utilidad que vayamos a darle, podemos elegir uno u otro.

Tipos de seda: seda pongé, crespón de china, chiflón, El twill, seda organza, la seda crepe georgettre…

Materiales: pinceles planos, pincel petit-gris, esponja, aplicador de gutta, pocillos, bastoncillos de algodón, chinchetas de tres puntas, tachuelas, garras y gomas, pinturas de varios colores, gomas de reserva, espesantes, diluyentes, antideslizantes, entre otros.

Técnicas: gutta transparente, guttas de colores, técnica con espesantes, acuarelables, de la sal, con alcohol, falso batik…

Aunque puede parecer fácil perderse en esta amplitud de sedas, materiales y técnicas, también es cierto que el interés que despierta y los logros que con ella se consiguen, hacen de la pintura sobre seda una de las más grandes, sorprendentes e inimitables. No olvidemos que, entre otras, una de las grandezas de la pintura sobre seda es que jamás se puede copiar, imitar ni repetir una obra. La seda atrapa el color, las tonalidades varían según la mezcla, la temperatura ambiente, la época del año, el grosor del tejido y un largo etcétera.

Por ello tener un cuadro, un artículo, una prenda de vestir pintados en seda, es tener una pieza única y exclusiva, una pieza que, lejos de envejecer, se enriquece con el paso de los años.